Netflix se la está dando en la pera con producciones teen, pero viene acertando. El 11 del corriente mes se estrenó Sex Education, una serie que refleja la adolescencia y el sexo. Si, ya hay como miles de películas así pero es una más inservible que la otra. Es cierto que cumple con algunos clichés pero en ciertos momentos se desvía de éste género que se encuentra encerrado en un círculo de excitación y boludeo; porque al parecer los adolescentes son solo eso: hormonas andantes.

La ficción va más allá y nos cuenta sobre la problemática de ser un adolescente. La constante competencia de quién tiene más sexo, el que no lo tuvo y se desespera por tenerlo para “no quedarse atrás”, la aceptación de uno mismo, la desinformación, lo que esconde la rebeldía de un joven, el drama familiar, la discriminación, el bullying y el acoso.

La serie nos presenta a Otis (Asa Butterfield), un adolescente de perfil muy bajo que prefiere vivir en un rincón sin que nadie lo joda y que además tiene problemas e inseguridades con respecto a la sexualidad,  y a su madre Jean (Gillian “TE AMO” Anderson) , una terapeuta sexual que vive su vida con total libertad. Pero a pesar de la inseguridad de Otis, crecer en un ambiente en donde el sexo es un tema tan presente y común, hicieron que entienda sobre el asunto. No de la práctica en sí, sino de sus cuidados, de su responsabilidad, de lo sentimental, lo emocional y de las relaciones. Y lo que no sabe, lo averigua. Maeve (Emma Mackey) observa las cualidades de él y le propone ser el terapeuta sexual del colegio. Y de paso ganarse unos manguitos.

La relación de madre e hijo es bastante particular. Por un lado Otis, un pibe de 16 años sexualmente reprimido al punto de no poder siquiera masturbarse, y por otro Jean, una terapeuta sexual que vive su sexualidad al máximo. Pasa las noches con un hombre diferente pero le resulta imposible establecer un vínculo con alguno de ellos. Además, interfiere bastante en la vida de Otis convirtiéndola en una madre dependiente y hasta un poco controladora. Es que solo lo tiene a Otis y le cuesta acercarse a él sin cruzar un límite.

Sex Education es rica en varios sentidos.

Desde lo estético, tiene unos paisajes hermosos filmados en el sureste de Gales, Inglaterra.  La fotografía es bellísima porque juega con colores vintages. Por un momento pensé que la serie estaba ambientada en los ’80 por la vestimenta de sus personajes hasta que vi un celular y una notebook y entendí que no (mala jugada ahí).

Por otro lado, a pesar de que las escenas de sexo son bastante explícitas, no rozan lo pornográfico ni el morbo sino que lo muestran con sus defectos, con sus virtudes (desde lo saludable) y desde la ignorancia de ni siquiera conocernos a nosotros mismos ni a nuestro cuerpo, sin saber qué es lo que nos gusta y qué no.

La producción llegó en el momento justo y reafirma la importancia de una educación sexual integral y de una comunicación constante que permita a la persona “afectada” consultar sobre sus dudas, inseguridades y represiones quebrando así las incomodidades que conlleva y tratándolas con naturalidad.

Es necesaria la ESI para más inclusión, más parejas sanas, más concientización, más responsabilidad y más cuidados. Sobre todo para que haya menos abortos, menos mujeres muertas, menos discriminación, menos acosos, menos niños y niñas en las calles. Menos mal y más bien. Sex Education es consciente del contexto y de las demandas de las sociedades, por eso utiliza sabiamente la empatía para abarcar temas sensibles y ahondar en ellos sin perder el humor. 

Mirá el tráiler

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