Son varias las características que unen al juego de Heinze con el de Bielsa. Y no debe ser sólo por haberlo tenido como DT. Lo que deja el equipo de Heinze dentro de la cancha, es simétrico a lo que deja por fuera del campo su entrenador. Un fiel seguimiento a sus convicciones, a su idiosincrasia, a su forma de ver el fútbol más allá del resultado.

“A mí no me interesa el resultado”, dijo Heinze tras perder un partido de Copa Argentina. “Si tengo que volver a jugar el partido, lo vuelvo a hacer, porque me gusta como juega mi equipo, lástima que ustedes no lo puedan ver”.

La escuela de Bielsa es más que la consecuencia, es un conjunto de ideas que se llevan a cabo. El fútbol como transformador de la realidad. La belleza del juego por sobre el resultado. La convicción por sobre lo establecido. Eso es el Bielsismo en su máxima admiración. Y no es casualidad que los máximos detractores de este modelo lo atacan al grito de “Bielsa no ganó nada”. Aunque sea mentira. Bielsa ganó títulos. Se ataca con lo material. Porque quizás lo que más moleste es lo que genera. Bielsa genera debate continuo sobre nosotros mismos, es una molestia porque nos hace repensarnos constantemente. Y porque generalmente, pensar cuesta.

Heinze, armó en el fútbol argentino un modelo basándose en el Bielsismo. Armó una escuela. O lo trató de hacer durante casi dos años. Y a través de ésta nos hizo repensar el fútbol en su totalidad. ¿Lo único que importa es ganar? ¿No importa el juego en sí? ¿No importa el grupo humano? ¿No importa la belleza, ni el respeto por el espectador?

“Uno juega al fútbol como vive” decía una frase en los murales del Barrio Ejército de los Andes, más conocido como, Fuerte Apache.

Gabriel Heinze con la Selección Argentina de Fútbol. Medalla de oro. Atenas. Año 2004. El gringo no solo copió la mala relación con la prensa de su mentor. También un sistema táctico (4-3-3, 4-1-4-1, etcétera), que propone extremos, interiores, jugadores de buen pie, que circulen la pelota constantemente gracias a sus dotes técnicos. Los triángulos siempre presente en el campo. Mas una presión constate tras la pérdida del balón ya que “la mejor forma de defenderse es atacar”. Que se combina con un adelantamiento de los jugadores del campo de juego. Bien lejos del arco mejor. “El único que tiene la potestad de perder la pelota es el extremo”, decía Guardiola en una entrevista televisiva. “Porque es el único que tiene la obligación de jugar mano a mano constantemente, y si él la pierde nosotros tenemos tiempo de reagruparnos y defender, bien lejos de nuestro arco”, completaba.

La relación Bielsa-Guardiola es sabida por los futboleros. Dentro y fuera del campo. Es conocida la anécdota de que Pep consultó al argentino en Rosario antes de dedicarse a ser técnico, mientras se retiraba de su último afán futbolístico en México. Aunque Guaridola ya era técnico dentro de la cancha, anticipaba Valdano.

Heinze genera, además, un sentido de pertenencia y de potencialidad en los juveniles, pocas veces visto en el país luego del 2000. Quizás la máquina de crear jugadores como Argentinos Juniors, la era más exitosa de Bianchi en Boca, o este último Gallardismo en River Plate se le asemeje. El plus de jugar con los “pibes”, de revalorizarlos, de ver potencial en ellos y de formar personas, de inculcar valores. Es el plano más importante de un entrenador. Las últimas joyas del gringo son jugadores como Thiago Almada, el monito Vargas, De La Fuente, Nico Domínguez, Robertone, etc.

Pero quizás una de las mejores joyas de las inferiores se conoció hace poco, un video del  Heinze, todavía entrenador de Vélez, consolando a los chicos de las infantiles de Chacarita, que estaban llorando por haber perdido un partido, con el que descendían de categoría: “No llores. Sabes cuantas finales perdí yo, un montón. Los partidos se ganan y se pierden… ¿Me escuchó, compañero? No se preocupe, en el fútbol siempre hay revancha. Hay que seguir. Ahora tenés que divertirte, hacer compañeros. No es lo importante ahora ganar, ¿me entendiste?”, les dice el Gringo.

Y culminó la charla, casi como si fuera el técnico de los chicos, en su afán por enseñarles lo que está bien y lo que está mal: “El es una persona igual que vos, y yo, y se puede equivocar. O nunca pensaste eso. Sí se puede equivocar si es un ser humano. ¿Le fuiste a pedir disculpas?”. Quizás allí, en ese video en el predio de Liniers, pudimos ver y escuchar al gringo Heinze y la influencia de Marcelo Bielsa en todo su potencial.

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