Calle Corrientes emblema de la cultura y el arte porteño inauguró la nueva peatonal con una reducción en la calle, la modificación duró catorce meses aproximadamente y tuvo un gran impacto en la vida de la calle que nunca duerme.

La Calle Corrientes empieza su historia casi en simultáneo con el de la conformación de la ciudad. Ya desde el siglo XVII se tiene noción de su existencia, pasó por varios cambios, tanto de nombres como de estructura. En la época dorada porteña se convirtió en la avenida que condensó lo mejor del arte, música y teatro de los buenos aires, los aires bohemios.

En cada rincón de ella, en cada espacio o esquina hay un relato, filas largas de gente bien vestida a la entrada del teatro; bailarines llegando justo a tiempo, corriendo con sus bolsos y zapatos; vendedores ambulantes aprovechando la noche; y el olor a pizza que se mezcla con el perfume de hombres trajeados, luces, ruido y smog; librerías noctámbulas, confiterías y cafés, eso es Corrientes.

calle corrientes
Teatro Astral – Calle Corrientes

En la nueva peatonal se ven algunos artistas callejeros, uno pintando, otro preparándose con su guitarra y un pequeño amplificador; gente caminando (poca), sobre una esquina, tapado con algunos cartones, duerme un linyera. Metros después, en la puerta de un fastfood una señora pide monedas.

Caminar por Corrientes es un espectáculo para los sentidos, aroma a comino, pimentón, cúrcuma y nuez moscada es indicio de estar llegando al café “Don Victoriano” o mejor conocido por el gato negro con moño rojo que lleva como símbolo una de sus vidrieras. Un almacén de especias, congelado en el tiempo en pleno corazón de buenos aires.

Con sus nueve décadas conserva intacto su carácter sobrio y elegante, con muebles originales, que datan de la época que se inauguró allá por el 1927, y aún hoy se mantienen en uso, caso de las sillas Thonet, que están distribuidas por todo el salon, el cual puede albergar más de cincuenta personas.

Allí, una muy bien predispuesta encargada – Guadalupe Coronel – cálida, de buen vestir y buenos modales recibe al público con un café, tostado artesanalmente en el local, lista para hablar sobre los 91 años del  “Gato Negro” en calle Corrientes, y cómo repercute el cambio en la avenida con la nueva peatonal.

“El primer día que inauguró la peatonal fue un éxito… ha venido mucha gente que no nos conocía… conocían al local por nombre pero no físicamente”, resalta mientras que de fondo se oye al personal fajinar los platillos de café, preparando todo para el servicio.

“La esencia del local, una de las cualidades que tiene es que te lleva a recordar momentos de cuando eras chico… hemos tenido clientes que nos eligen, que son muy viejitos y aún recuerdan cuando venían a comprar pimentón y lo siguen haciendo” relata Guadalupe orgullosa mientras también toma un café.

Cuatro generaciones vio pasar el Gato Negro, desde el aventurero español que arribó Buenos Aires, Victoriano López Robredo, hasta los hijos de sus hijos, creando un nombre en el imaginario porteño, sinónimo de legado y tradición de la calle Corrientes.

También supo tener en sus confiterías, como el mítico Café “La Paz” que aun existe, a renombrados literatos e intelectuales, músicos y artistas, Ricardo Piglia, Miguel Briante, David Viñas y Carlos Gardel fueron algunos de los grandes que impregnaron la calle Corrientes con su adn. Mixtura entre cigarro, café, libros, debate y tango, razón de canciones y poemas.

cafe la paz
Café “La Paz” – Av Corrientes

Si de versatilidad se trata, la avenida tiene todo para aquellos con espíritu inquieto, para los amantes de la literatura más compleja o para los aficionados lectores que leen revistas viejas. Coleccionista o incipientes lectores pueden encontrar en lo vasto de la calle Corrientes una cantidad importante de librerías,cafés y pizzerías, de todo rubro y color.

Este es el caso de la librería Losada, reconocida por alli haber funcionado uno de los cines más importantes de la zona, el cine Lorraine en la década de los 60´. Sala que supo posicionar el séptimo arte en argentina con estrenos de los icónicos directores como Ingmar Bergman, Godard, Truffaut y Fellini entre otros grandes autores.

… cuando la soledad de Buenos Aires,

nos metía hondo.

viejo “Lorraine”

si después del laburo no querías lo de siempre.

viejo “Lorraine”

un encuentro casual, café y

viejo “Lorraine”  Poema en homenaje al Lorraine

Después la sala de cerrar en 1972, se abre la librería Gandhi, que luego daría lugar a la librería Losada restaurando y preservando los dos únicos murales que habían sido regalados al cine Lorraine, y que existen en la actualidad: “Las Artes” de César López Claro y “Homenaje al Cine” de Juan Carlos Castagnino, y que estaban perdidos dentro del establecimiento tras los numerosos cambios.

Pasillos amplios y largos, lugar luminoso con paredes prácticamente hechas de libros, y con una cartelera al final de todo que dice Losada con color oro y hojas de laureles que adornan la palabra, casi una suerte de evocación triunfante y de victoria. Sin embargo su amplitud se ve contrastada por el vacío del mismo, unas cuantas personas deambulan por la librería sumado a los tres del personal.

librería Losada,
Librería Losada, ex cine Lorraine

Hablan entre ellos mientras bromean para pasar el tiempo, Carlos, de unos cincuenta años, delgado y con algo de canas, quien trabaja hace un tiempo allí, rememora lo grandioso del local y la calle Corrientes y  opina fervorosa y tajantemente sobre los nuevos cambios realizados por el Gobierno de la Ciudad.

“La obra de la calle Corrientes nos perjudicó muchísimo, todos los comerciantes te van a decir lo mismo… nunca vimos ningún informe, ni cuánto se gastó, es una cosa no consensuada… no se preguntó si la gente quiere que se gaste en eso o si tiene otras prioridades… son obras monstruosas, obras cosméticas, estéticas” con una voz in crescendo reflexiona, el empleado de librería Losada.

Continúa con su relato un poco más excitado y nerviosos, alejándose de su rol de vendedor-comerciante y poniéndose en la piel de un ciudadano y concluye: “Sin embargo hicieron toda esta obra faraónica, que no tiene ningún sentido… por que la actividad económica de los teatros, librerías, y restaurantes no va a mejorar por que la calle sea más ancha, va a mejorar si la gente tiene un salario, que les permita ir a ver una obra, comprar un libro o ir a comer”

Hablar de corrientes es hablar de mística, de nostalgia y tango, por eso este recorrido termina en la famosa heladería, confitería y chocolatería El Vesuvio, con ciento veinte años de existencia. Declarada sitio de interés cultural por la Legislatura porteña.

Se pueden ver personas llegando, gente de edad pero bien pituca, listos para bailar al ritmo del 2×4 con música en vivo, evento que repiten todo los martes en la heladería desde hace 17 años. Nelly, una enérgica señora, rubia y coqueta, que promueve la danza que lleva en la sangre desde chica, es la que tiene la batuta de los martes en el Vesuvio.

El Vesuvio pasó por numerosos dueños, pero el actual, Mariano, antiguo vecino de la zona, quien recuerda en su niñez ya existía la heladería pionera en hacer chocolates, sentado afuera del local casi camuflándose como cliente, con un porte robusto, elegante con traje, pero pícaro y simpático, se rehúsa a pensar que la avenida pueda perder su magia tras los cambios.

“La etapa tuvo tres periodos, antes del arreglo, dentro del cambio – que fue destructivo – y terminado el tema de las obras el cambio, segun como esta la situación… estamos apostando”, comenta Mariano ya un poco más serio y sin bromear.

Mariano Marmorato - El Vesuvio
Mariano Marmorato – El Vesuvio

Se puede ver en él una luz de recuerdo y añoranza a la vez de orgullo, que la confitería sigue en pie después de tantos años. Lugar donde grandes tangueros y artistas pasaron, sus paredes adornadas por fotos de comienzos del siglo XX, una reproducción de la primera máquina de helados y dos fotomontajes con retratos de artistas y personajes de Buenos Aires. entre otros, de Carlos Gardel, que fue habitué del lugar.

Además por “el Vesuvio”, pasaron Tita Merello, Julio De Caro, Pinky y Susana Rinaldi y sigue siendo centro de reunión de amantes del tango, el chocolate y el churro.

Heladeria Vesuvio
Heladería El Vesuvio

El tango “La última Grela”, compuesto por Horacio Ferrer y ejecutado por Astor Piazolla, menciona al local, en referencia a la noche porteña, en las siguientes letras:

“Fueron hace mucho, las románticas proletarias del amor. La noche les puso nombres con seducción de insulto, locas milongas, percantas, obreras. Eran frecuentes verlas al alba desayunando un chocolate con churros en la confitería Vesuvio de la calle Corrientes”.

Un panorama más sombrío es transitarla actualmente, será por el frío de la noche, por los cambios recientes en su estructura o por la crisis que aqueja al país. Aquellas numerosas filas no se pueden ver, escasa gente en los comercios gastronómicos, locales y librerías cerradas, lo único que persiste son las luces, esas luces que supieron brillar y dar nombre a la calle Corrientes.

Por Laura Aramburu.

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